¡Échate un cuento!

Échate un cuento, es un proyecto que pretende motivar y fomentar el hábito lector entre la población adulta en su tiempo libre y/o de ocio.

Podrás disfrutar de los cuentos a través de la lectura y la narración oral, y al finalizar esta edición tendrás a tu alcance un audiolibro con los cuentos en los que habrás podido participar.

A continuación podrás leer tres cuentos que sólo estarán disponibles hasta el 30 de julio. Una vez hayas leído los tres, tendrás que votar el cuento que más te haya gustado. El viernes 30 de julio en la Biblioteca de Fasnia a las 10.30 de la mañana tendremos una sesión de cuentacuentos, a la que podrás acudir y además de disfrutarla, el cuento ganador será grabado y pasará a formar parte de un audiolibro.

Anímate y sé parte de ¡Échate un cuento!

La avaricia del envidioso

Había un rey que quería saber qué era peor, si ser tacaño o ser envidioso; entonces tomó a dos personas y les dijo:

– A uno le daré todo lo que me pida, pero al otro le daré el doble.

Entonces el envidioso dijo:

– A ver si lo he entendido bien, rey, ¿todo lo que te pida me lo darás pero al otro le darás el doble?

– Sí -dijo el rey.

Entonces le dijo el envidioso al avaro:

– Pida usted primero.

– Faltaría más -dijo el avaro-, primero los caballeros.

Que sí, que no. Así estuvieron un rato intentando cada uno ceder su turno en el pedir, y así obtener el doble que el otro. El rey empezaba a impacientarse ante tal situación; entonces el envidio dijo:

– De acuerdo, yo pido primero; ¡que me saquen un ojo!

Y en contraste con la cara de horror del avaricioso, una siniestra sonrisa se dibujaba en la del envidioso.

 

AUTOR DESCONOCIDO

Carta de un suicida

El hecho ocurrió así, junto al cadáver de un suicida se encontró una carta diciendo:

Sr. Juez:

No culpe a nadie de mi muerte, me quito la vida porque dos días más que viviese no sabría quién soy en este mar de lágrimas, y sería mucho martirio.

Verá Ud. Sr. juez. Tuve la desgracia de casarme con una viuda, ésta tenía una hija, de haberlo sabido, nunca lo hubiera hecho.

Mi padre, para mayor desgracia era viudo, se enamoró y se casó con la hija de mi mujer, de manera que mi mujer era suegra de su suegro, mi hijastra se convirtió en mi madre y mi padre al mismo tiempo era mi yerno.

Tras dos años de casados, mi padre y su mujer fueron a vivir a otra ciudad, y tras pasar un tiempo en su nuevo hogar, nos llamaron a mí a mi mujer para darnos la nueva buena de que trajeron al mundo un varón, que era mi hermano, pero era también nieto de mi mujer de manera que yo era abuelo de mi hermano.

Como era de esperar, en nuestro matrimonio con el correr del tiempo tras tan buena noticia de un nuevo miembro en la familia, mi mujer se quedó embarazada y trajo al mundo un varón que, como era hermano de mi madre, era, al mismo tiempo, cuñado y nieto de mi padre, siendo de igual forma tío y hermano del hijo de mi padre. Mi mujer era suegra de su propia hija, y yo, en cambio, soy padre de mi madre, y mi padre y su mujer son mis hijos.

Mi padre y mi hijo son hermanos, mi mujer es mi abuela ya que es la madre de mi padre y además yo soy mi propio abuelo.

Ya ve Sr. Juez tremendo galimatías, motivo por el que me despido de este mundo porque no sé quien soy ante estos hechos que le he redactado anteriormente, y viéndome abatido y sin la mínima valentía ni interés por seguir en este laberinto de vida. Le ruego a todo aquél que halle esta nota que la ponga a disposición judicial para evitar falsas acusaciones sobre mi muerte.

 

Firmado. El cadáver.

El amor y la locura

En el principio de los tiempos, cuando no existía nada. Cuando ni siquiera el tiempo existía porque nadie había inventado nada para llevarle la cuenta. Cuando el hombre todavía no existía, en mitad del universo estaban reunidos los vicios y las virtudes que más tarde poblarían a los humanos en mayor o menor medida.

Y los vicios y las virtudes se pasaban todo el día discutiendo y peleando, sobre todo azuzados por la Ira y la Discordia. Y discutían sobre quien habitaría el cuerpo de los humanos, si los vicios o las virtudes. Y no se ponían de acuerdo porque unos decía que habría mas virtudes que vicios en los humanos y otros que al revés, que sería mayor el número de vicios que estarían en los humanos.
Y como nadie se ponía de acuerdo. La Locura, que estaba loca, tubo una idea que le pareció genial.

Y dando brincos en mitad de la reunión dijo:

–             Tengo una idea, tengo una idea para solucionar la discusión. –

Todos se quedaron expectantes. Y la Locura dando carreras sin ton ni son y saltando por todos lados dijo:

–             Es una idea genial que seguro que no falla. Sí, sí, sí, sí-

En este punto la Intriga, que estaba realmente intrigada, pensó: “¿Cuál será la idea tan buena que ha tenido esta Locura?”

Y la Locura seguía dando botes y haciendo cabriolas y diciendo: – ¡Lo tengo! ¡Lo tengo!. –

Y la Intriga que estaba cada vez más intrigada, azuzada por la Curiosidad preguntó por fin: – Oye, ¿Y cual es esa idea tan buena?. –

La Locura dio un brinco y después otro y dijo: – Muy fácil, muy fácil, muy fácil. ¡Se trata de un juego!. –

Como la Locura seguía dando saltos y no parecía que fuese a decir nada más, la Intriga preguntó:

– ¿Y que juego es? –

–             Es muy sencillo, es un juego genial y muy divertido. – dijo la Locura – Es el juego del escondite. –

Entonces la Intriga sí que se quedó intrigada. Y como ya no podía soportar tanta intriga dijo: – ¿Y qué demonio de juegos es ese?. –

–             Muy fácil, muy fácil, muy fácil. – dijo la Locura dando vueltas alrededor de la Intriga – Uno de nosotros se pone a contar de uno a cien de cara a un tronco muy grande y con los ojos tapados. Y los demás salen corriendo a esconderse donde puedan. Luego el que cuenta sale a buscar a los demás. Si al último que encuentre es una virtud, serán las virtudes las que habiten al hombre en mayor número, si es un vicio serán los vicios los que habiten a los humanos. –

Entonces alguien entre la multitud dijo: -¿Y si encuentra una pareja de virtud y vicio?. –

La Locura pensó un instante y dijo: – Muy sencillo, se repartirán por igual. –

La Inteligencia, que hasta entonces se había creído la más inteligente pensó: “Vaya idea que se le ha ocurrido a esta Locura. ¿Por qué no se me habrá ocurrido a mí?.”

Entonces la Intriga preguntó: -¿Y quien va a contar?. –

Y la Ternura dijo: – Anda, Locura, ya que se te ha ocurrido a ti tan buena idea, ¿qué mejor que seas tú quien cuente?. –

–             De acuerdo, de acuerdo, de acuerdo. – dijo la Locura. Y se fue a un tronco a contar: – veintisiete, cuarenta y dos, catorce, sesenta… –

Todas las virtudes y los vicios salieron corriendo a esconderse.

La Justicia cogió de la mano a la Verdad, porque la Verdad siempre acompaña a la Justicia, y se fueron hasta un río que pasaba por allí cerca. Era un río de aguas cristalinas y puras. Y la Justicia dijo:

–             Nos esconderemos aquí, para que luego digan que la Justicia no es clara. –

–             Y la Justicia se escondió en el fondo del río junto con la Verdad.

La Ensoñación cogió a la Ternura de la mano y dando saltitos se fueron a esconder detrás de una nube rosa. Y allí comenzaron a pintar las nubes de tonos morados, rojos, rosas y azules. Y es por eso que en los atardeceres el cielo se llena de nubes de colores.

La Lujuria cogió de la mano a la Pasión y juntas escalaron una montaña para esconderse en ella. Pero una vez dentro la temperatura empezó a subir y las rocas a calentarse y a fundirse hasta que la Lujuría y la Pasión hicieron nacer un volcán en aquella montaña.

La Pereza no se movió de donde estaba. Con el sueño que tenía ella, se iba a molestar en esconderse. Vamos, y se echó a dormir detrás de un banco que había por allí cerca.

Y así se fueron escondiendo todos, todos menos dos.

– treinta y tres, cincuenta y ocho, siete… –

La Envidia, envidiosa como siempre, quería saber donde se escondía todo el mundo y se quedó allí en medio.

– setenta y siete, ochenta y seis, cincuenta y uno… –

El otro que no se escondía era el Amor. Porque el amor es indeciso y no sabía dónde esconderse.

La Locura estaba llegando al final de la cuenta: – noventa y ocho… –

El Amor y la Envidia no sabían dónde esconderse. La envidia vio un pino y se subió en lo alto.

– noventa y nueve… –

En el último momento el Amor se tiró a un rosal de rosas rojas donde nadie se había escondido porque estaba lleno de púas.

– y ¡cien!.- La Locura se dio la vuelta y empezó a buscar a sus compañeros. – ¡Cruz por la Lealtad!.-

La Lealtad, leal como era, no se había movido del lado de la Locura.

–             ¡Cruz por la Esperanza!.- La Esperanza se había escondido cerca pensando que quizá no la encontrarían.

–             ¡Cruz por la Ignorancia!.- La Ignorancia, despistada salió preguntando -¿A qué estamos jugando?-

–             ¡Cruz por la gula que está comiendo pasteles!.-

–             ¡Cruz por la Soberbia!. – La Soberbia salió muy encendida y dijo: – Me había escondido muy bien, ¿A que me has encontrado de las últimas?, ¡Vamos, con lo bien que me escondo yo! –

–             ¡Cruz por la Humildad!.- La Humildad se acercó a la Locura y le dijo: – La verdad es que me has encontrado un montón de bien. –

–             ¡Cruz por la Pereza!. – La Pereza seguía durmiendo plácidamente a pesar de todo el alboroto que la Locura estaba montando.

La Locura llegó hasta el río de aguas cristalinas, miró al fondo y vio a la Verdad y a la Justicia. Y gritó: -¡La Justicia y la Verdad están allá abajo!.-

La Justicia, que vio que la habían visto, revolvió el fondo para que las aguas se volvieran turbias y no pudieran verlas. Y le dijo a la Verdad: – Tú quédate aquí que yo saldré por las dos y convenceré a la Locura de que no te ha visto. –

Y la Verdad le hizo caso y allí se quedó, y la Justicia salió corriendo detrás de la Locura, y corría más y más hasta estar a punto de alcanzarla cuando de repente se tropezó con una piedra y se cayó. Con la caída se había lastimado una rodilla, pero aun así se levantó y siguió corriendo cojeando, pero cuando llegó la Locura ya había llegado.

Es por eso que la Justicia cojea, pero siempre llega. Y desde entonces a la Verdad no se le ve por ningún lado.

Entonces la Locura se fijó en que la montaña donde se habían ocultado la Pasión y la Lujuria ahora era un volcán. -¡Qué raro! – se dijo la Locura. Y fue a investigar. Así que la Locura subió por la ladera del volcán y se asomó al borde del cono. Y allá abajo, en una repisa de piedra Pasión y Lujuria estaban dando rienda suelta a todo lo que representaban.

La Locura, avergonzada, dijo mirando para otro lado: -¡Cruz por la Lujuria y la Pasión que están ahí abajo haciendo cosas feas! – y se fue corriendo dejando a la Lujuria y a la Pasión, quienes no se habían enterado de nada, con sus cosas.

Luego la Locura miró al horizonte y vio nubes de colores en forma de dragones, elefantes, princesas, duendes y castillos. Y pensó la Locura: “Esto parece cosa de la Ensoñación, y si la Ensoñación está por aquí la Ternura no tiene que andar lejos”.

Y efectivamente, subió hasta las nubes y allí vio a la Ensoñación contándole cuentos a la Ternura y esta mientras tanto hacía nubes con las formas que le relataba la Ensoñación. Y la Locura, viéndolas tan atareadas no quiso molestarlas y escribió en una nube: -¡Cruz por la Ensoñación y la Ternura!. – Y se fue.

La Locura ya había descubierto a todo el mundo menos a dos: la Envidia y el Amor (ya que a pesar de lo que decía la Justicia, ella tenía una cierta idea de por donde estaba la Verdad. Los locos están locos, pero no son nada bobos). Ya no sabía dónde buscar y miró al cielo para pedir ayuda. Y con esto vio a la Envidia que estaba en lo alto del pino. – ¡Cruz por la Envidia!.-

La Envidia, envidiosa de que no hubieran encontrado al Amor, se bajó del árbol y dijo: – Pues el amor está escondido en esas zarzas.-

La Locura dio vueltas a la zarza pero no vio al Amor, y es que el Amor es difícil de encontrar a veces.

– Pero busca bien, que está ahí.- dijo la Envidia.

La Locura intentó apartar las zarzas con las manos pero se pinchó -¡Ay! – Y es que a veces el Amor hace daño.

– Pero busca bien, que seguro que está ahí. – azuzó la Envidia.

La Locura ya no sabía que hacer y cogió una horca de dos puntas y comenzó a pinchar las zarzas con ella. Finalmente se oyó un grito que dejó a todos helados:

-¡Ahhhhh!. –

El Amor salió de las zarzas con las cuencas de los ojos vacías bañadas en sangre. La Locura no sabía que hacer, todos le estaban mirando, y sintiéndose culpable por lo que había hecho le prometió al Amor que a partir de ese momento sería su lazarillo.

Y es por eso que dicen que el Amor es ciego y siempre, siempre, siempre va acompañado por la Locura.

Cuento tradicional

¡Échate un cuento!

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Espacio narrativo

Échate un cuento Fasnia/La Zarza

"Échate un Cuento"

#Échateuncuento

en las Bibliotecas de Fasnia.

El próximo 30 de julio a las 10.30 en la Biblioteca de Fasnia

participa de una sesión de cuentos de una forma diferente.

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CONCEJALÍA DE CULTURA

Contenidos cedidos por Editorial SM

SM colabora en este proyecto dotando de materiales para que algunos de los cuentos que aquí puedas leer te guíen, te inspiren y te enseñen, y así fomentar el gusto por la lectura y transmitir unos valores humanos, sociales y culturales ayudando a mejorar el mundo que nos rodea.

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Lee los tres cuentos, vota el que más te guste y asiste a una sesión a escucharlos y donde podrás participar en su grabación

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