¡Échate un cuento!

Échate un cuento, es un proyecto que pretende motivar y fomentar el hábito lector entre la población adulta en su tiempo libre y/o de ocio.

Podrás disfrutar de los cuentos a través de la lectura y la narración oral, y al finalizar esta edición tendrás a tu alcance un audiolibro con los cuentos en los que habrás podido participar.

A continuación podrás leer tres cuentos que sólo estarán disponibles hasta el 07 de octubre. Una vez hayas leído los tres, tendrás que votar el cuento que más te haya gustado. El miércoles 17 de noviembre en la Biblioteca de La Zarza a las 10.00 de la mañana tendremos una sesión de cuentacuentos, a la que podrás acudir y además de disfrutarla, el cuento ganador será grabado y pasará a formar parte de un audiolibro.

Anímate y sé parte de ¡Échate un cuento!

La bruja y su reflejo

Se dice que hace mucho tiempo, cuando aún tenía el trono el Rey Arturo y se creía secretamente en la magia, existió una bruja que no pudo ver su belleza externa tal y cual era.

La bruja era conocida por su arrogancia, su avaricia y el placer que le causaba ver que todos los que acudían a ella por algún motivo, los dejaba en mayores problemas que con los que habían llegado.

Era vanidosa y altanera apenas siendo una adolescente. En una de sus malas obras esta bruja despiadada se atrevió a humillar a una buena mujer por no ser tan hermosa como ella, por ahí pasaba otra hechicera de más edad y sabiduría que al ver que no se llevó ni un poco de misericordia o remordimiento por aquel acto, decidió hacerle un encantamiento maldito para que en vez de ver la belleza que el ojo humano percibía, a su mirada en cualquier espejo se reflejaría la horrible maldad de su alma.

Y así fue, en todas partes que aquella bruja se reflejaba veía una mujer horrible con una mirada desorbitada y una piel manchada, arrugada y descarapelada, además poseía verrugas y caminaba totalmente chueca, su piel estaba tan maltratada que ella sentía que se caía como la lepra, aunque todo esto fuese irreal.

Ante tal humillación huyó al bosque en donde construyó una cabaña y vivió sus días en completa soledad y resentimiento contra aquella hechicera que le envió la maldición, vivió amargada y cada persona desafortunada que caía en sus telarañas terminaba desaparecida o muerta, por esa razón el bosque se convirtió en prohibido para cualquier mortal y se cuenta que en la casa de aquella malvada no había ventanas ni espejos en dónde pudiese reflejarse.

Un día alguien llamó a la puerta, y la bruja en su mente se vio a sí misma bella y hermosa como siempre debió ser. Al no haber nadie, la malvada se fue caminando hacia el pueblo en busca del personaje que llamó a su puerta. Llegó hasta donde estaba el río ante el cual se detuvo a sus orillas deseando mirarse luego de muchos años. Al levantarse inevitablemente se reflejó en el agua y decepcionada al ver su mismo reflejo horrible y totalmente desfigurado salió de allí tan rápido como pudo, corriendo y gritando.

La bruja se perdió en el bosque aturdida por la demencia que le ocasionó observar su reflejo, hasta que llegó la noche y sorpresivamente se encontró con un lobo hambriento quien después de unas miradas desafiantes atacó a la mujer, descuartizándola por completo antes de devorarla. Así terminó aquella hechicera que “jamás pudo volver a mirarse en un espejo, después de la maldición”.

AUTOR DESCONOCIDO

Las brujas de Altafulla

Muchos años atrás, más bien siglos, en un pueblo de la costa mediterránea, nadie sabe el motivo, pero cada noche, llegada el duodécimo repique del campanario, símbolo de reunión de las más afamadas brujas del lugar. Nadie sabía del motivo por el que las brujas acudían a aquel lugar noche tras noche, pero lo que es cierto es que los moradores del pueblo vivían aterrados en el momento en el que el reloj marcaba la medianoche.

Las brujas que allí se reunían, como brujas que son, se dedicaban a hacer hechizos y pócimas, y en más de una ocasión se colaban en las casas en busca de recipientes para sus brebajes, y a quienes las increpaban los convertían en sapos o lagartijas, según les apeteciera.

El regidor del pueblo, cansado de vivir con el miedo en el cuerpo, y lo que es peor, preocupado porque el pueblo cada vez tenía menos habitantes, pues emigraban a otros lugares donde no hubiese brujas, veía como tarde o temprano el sitio donde siempre había vivido y donde deseaba morir, terminaría por ser un pueblo fantasma. Por este motivo ofreció el castillo que coronaba el punto más alto del pueblo, allí desde donde toda la comarca se divisaba y dónde él habitaba, a quien consiguiese solucionar el problema que con las brujas existía.

Muchos lo intentaron, corriendo suertes diversas.

Hubo quien se enfrentó directamente a ellas, éste, no sólo fue objeto de un hechizo, sino que se convirtió en esclavo de ellas y les conseguía durante el día los distintos ingredientes que necesitaban para sus pócimas.

Otro llamó a brujas de otro lugar, y ofreciéndoles todo tipo de regalos, les pidió que hicieran un hechizo más potente para obligarlas a abandonar el pueblo, pero entre las brujas hay un código ético que no pueden romper, porque saben que, si realizan un hechizo contra otra bruja, ese hechizo tarde o temprano se volverá contra ella, así que en lugar de enfrentarse a sus compañeras del lugar, se unieron a ellas en las aparentes fechorías que realizaban en el pueblo.

Muchos lo intentaron, pero ninguno lograba conseguir que las brujas siguieran reuniéndose noche tras noche al dar la última campanada que anunciaba el comienzo del nuevo día.

Una tarde, cuando empezaba a anochecer, nadie sabe por qué, quizás por error, quizás por un mal reglaje, quizás porque una bruja hizo un mal hechizo, pero lo cierto es que repiqueteó el campanario como si de la media noche sucediese, hecho que originó que las brujas se reunieran en lo alto de las casas. Una joven no daba crédito a sus ojos y paralizada por el miedo veía cómo iban llegando las brujas al pueblo. Esa parálisis le permitió comprender que las brujas no eran tan malas como parecían, lo que sucedía es que dentro de su naturaleza está la de realizar pócimas, brebajes y hechizos, pero que si no se les molesta ellas sólo utilizan las pócimas para intentar recuperar la juventud que nunca tuvieron, los brebajes para cantar con una fina voz que nadie escuchó, y los hechizos para enamorar y enamorarse de su príncipe azul. Lo que pasaba es que como siempre eran increpadas por su fealdad, su voz tenebrosa y su incapacidad de amar y recibir amor, todos veían en ellas maldad y cuando sólo se ve maldad, sólo se recibe maldad.

Gracias a este suceso, la joven pudo escuchar sus lamentos, y se dio cuenta que las brujas se reunían en ese pueblo no para aterrar ni hacer mal, sino porque el estar cerca del mar coronando la comarca les permitía estar en paz consigo mismas, y reunirse allí para encontrar la solución a su mal.

Entonces esta joven que no era bruja, pero sufría los mismos males que las brujas, se dirigió al regidor del pueblo y le dijo:

─Señor, quizás no sea la solución a nuestro mal, pero viendo lo que las brujas sufren, es posible que si les facilitamos su labor consigan su objetivo.

─Pero qué dices insensata –dijo el regidor- Acaso no ves el miedo que infunden y el mal que nos ocasionan.

─Sí, pero este miedo y mal no lo hacen por diversión, sino porque las rechazamos y se ven perseguidas.

El regidor no daba crédito a lo que la joven le decía, pero era tal el desquicio que sufría él y su pueblo, que dejó a la joven continuar con su planteamiento:

─Las brujas sólo buscan un sitio donde reunirse, donde poder encontrar la solución a sus males, y en este maravilloso e inconfundible entorno han encontrado ese lugar.

─Continúa –le instó el regidor.

─La belleza del lugar, la tranquilidad y cercanía del mar, las vistas de la comarca…, les hace sentirse en paz, pero cuando se ven amenazadas por nosotros, sale lo peor de ellas y actúan como verdaderas brujas.

─Y qué podemos hacer?

─Es muy sencillo, sólo tenemos que ser amables con ellas.

─Pero cómo podemos ser amables, ¿acaso no te asustarías e intentarías defenderte si en medio de la noche te encontrases a una bruja bajando por la chimenea de tu vivienda? –preguntó el regidor-

─Claro señor, pero lo que sí podemos hacer es montar unas ollas encima del tejado, justo donde está la chimenea –comentó la joven- De esta manera no podrían colarse, además tendrían el recipiente para elaborar sus pócimas al fuego de nuestro calor.

─¿Y qué ganamos con eso? –volvió a preguntar el regidor-

─Pues, en primer lugar, que no se cuelen en las viviendas por la chimenea y por lo tanto que no asusten a sus moradores, y en segundo facilitarles el que puedan hacer sus pócimas para encontrar la solución a sus males.

El regidor no estaba muy seguro que esta fuese la mejor solución, pero qué iban a perder con ello. Ordenó comprar tantas ollas como chimeneas tenía el pueblo, y también ordenó que cada noche cuando estuviese a punto de sonar las campanadas encendieran el fuego de las chimeneas.

Esa misma noche cuando sonó la última campanada de la medianoche aparecieron como era costumbre las brujas. Y sucedió que se encontraron con las ollas sobre las chimeneas y que ya no tenían por qué acceder al interior de las casas, y observando que los lugareños encendían las chimeneas, se pusieron a elaborar sus pócimas con el calor que emanaban, y hechizos con el amor que percibían, y desde entonces se dice que en este lugar las brujas se preocupan de que reine el amor, la paz y la belleza en el interior de quienes allí viven, quienes transmiten estas virtudes a quienes el pueblo visitan, cambiando para siempre su forma de entender la vida.

ROBERTO MENDOZA

Las brujas de La Barroca

Se cuenta que tiempo atrás, por las vertientes de la Barroca, se reunían las brujas para cantar y bailar. En una de estas reuniones en plena noche, un jorobado descubrió el encuentro de las brujas que estaban cantando: “lunes, martes, miércoles…”, y entonces él, bien animado, se incorporó cantando también: “…jueves, viernes, sábado…”

Descubierto por las brujas, el jorobado afortunadamente no sufrió ningún daño, al contrario, recibió el favor de las brujas que, agradecidas por haberles enseñado tres días más de la semana, lo libraron para siempre más de su joroba. Dicho y hecho, el jorobado se convirtió en un hombre nuevo.

En su camino de retorno a casa se encontró con un amigo que, boquiabierto por su encuentro con las brujas, decidió poner a prueba su suerte y emprendió el camino hacia la Barroca para mirar de conseguir también algún favor de las brujas. Cuando llegó al lugar sintió, tal y como le había explicado el jorobado, la canción de las brujas. Cuando éstas llegaron al sábado, el hombre chilló con voz alta y potente: … y domingo!

Poco afortunado y atrevido había estado aquel hombre…, que no sabía que las brujas odiaban el domingo porque era el día del señor. Una de ellas, bien enfadada, cogió la joroba del jorobado que todavía estaba en el suelo, y se la puso en el pecho, que para siempre jamás, el hombre tuvo que llevar aquella joroba por delante.

CUENTO POPULAR CATALÁN

¡Échate un cuento!

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Espacio narrativo

Échate un cuento - Fasnia 2

"Échate un Cuento"

#Échateuncuento

en las Bibliotecas de Fasnia.

El próximo 17 de noviembre a las 10.00 en la Biblioteca de La Zarza

participa de una sesión de cuentos de una forma diferente.

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Colaboradores

ORGANIZA

Bibliotecas de Fasnia
Ayuntamiento de Fasnia

AYUNTAMIENTO FASNIA

CONCEJALÍA DE CULTURA

Contenidos cedidos por Editorial SM

SM colabora en este proyecto dotando de materiales para que algunos de los cuentos que aquí puedas leer te guíen, te inspiren y te enseñen, y así fomentar el gusto por la lectura y transmitir unos valores humanos, sociales y culturales ayudando a mejorar el mundo que nos rodea.

¿Quieres asistir o participar en "Échate Un Cuento"?

Lee los tres cuentos, vota el que más te guste y asiste a una sesión a escucharlos y donde podrás participar en su grabación

#echateuncuento